“La salida de la crisis pasa por aplicar la Constitución a plenitud’

Antonio Navarro Wolff explica cómo ponerle fin a la explosión social.

El estallido social que recorre a Colombia causa un desasosiego que hace creer a millones que no habrá mañana. Se trata de una página de la historia dramática. A finales de los años 80 y comienzos de los 90 también muchos creían que no había salidas. Asesinaron cuatro candidatos presidenciales –Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán–, el cartel de Medellín explotaba aviones, edificios, periódicos, y Pablo Escobar pagaba un millón de pesos por cada policía muerto. El movimiento estudiantil prendió una luz e iluminó el camino: redactar una nueva carta magna.

Antonio Navarro Wolff, uno de los tres presidentes de la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución Política vigente desde 1991, explica por qué la salida a la actual crisis social pasa por aplicar este texto “plenamente”.
 
¿Cómo logró salir Colombia de semejante tragedia?
A finales de los 80 había una situación de violencia exacerbada: el aniquilamiento de la Unión Patriótica, atentados, mataban abogados, políticos, policías.
 
¿Y las herramientas legales no ayudaban?
Teníamos una Constitución antigua, que era de 1886 y que estaba cumpliendo en este momento 104 años. Que además había sido el resultado de una guerra civil entre el Partido Liberal y el Conservador, que hizo su Constitución. No de consenso sino una Constitución de quienes ganaron la guerra civil de antes de 1886.
 
¿Cómo encontrar puntos comunes en ese escenario?
Coincidió con un acuerdo de paz que desarmó al M-19, al cual yo pertenecía. En 1989 se negoció en contra de la opinión de muchísima gente, salió adelante y se firmó una paz el 9 de marzo de 1990. Ahí se empezó un proceso de consensos nacionales, que son los que le abren paso a la posibilidad de la Constitución de 1991.
 
¿Cuáles fueron?
Un consenso ciudadano, un consenso político; después, un consenso institucional y un consenso del funcionamiento de la asamblea.
 
Como ahora, ¿los estudiantes, los jóvenes, fueron protagonistas?
Sí. Con la muerte de Luis Carlos Galán comenzaron una serie de movimientos estudiantiles que de manera totalmente pacífica impulsaron la idea de que Colombia necesitaba una asamblea constituyente para hacer una Constitución nueva. Lograron el respaldo de sectores académicos, los medios de comunicación, de la opinión pública, hasta que se logró.
 
¿Cómo fue ese paso suyo de bajar de la montaña, de un hombre en armas, a encontrarse con una nación que dice ‘vamos por una Constitución’?
En el M-19 estábamos convencidos en ese momento de que el lanzamiento armado no iba a producir ninguna paz, que producía dificultades y daños y no producía ningún resultado efectivo. Decidimos incorporarnos a la vida civil y firmar un acuerdo de paz.
 
Pero ¿la violencia siguió tras ustedes?
Nos tocó enfrentar la muerte de Pizarro. Lo enterramos en Bogotá con el acompañamiento de centenares de personas y luego de eso nos reunimos a ver que íbamos a hacer. Tomamos la decisión de seguir cumpliendo la palabra de paz que habíamos empeñado, decidimos hacerle caso a la palabra de Pizarro y a las nuestras de seguir con el acuerdo de paz pese a la situación tan grave.
 
Una época violenta como pocas...
A partir de la muerte de Pizarro, yo fui candidato presidencial en 1990. La impresión que había era que a cualquier candidato presidencial que diera papaya lo iban a matar. En el último mes de campaña, no salimos ni una vez a la calle: ni César, ni Gaviria, ni Álvaro Gómez Hurtado, ni Rodrigo Lloreda ni yo, que éramos los cuatro principales candidatos presidenciales. La campaña fue mediante comerciales de televisión, ni un solo acto público, ni una sola salida, encerrados dentro de una casa.
 
Posteriormente, se vuelve usted a encontrar con Gómez Hurtado, a quien el M-19 había secuestrado. ¿Cómo fue ese encuentro suyo con él?
Fue increíblemente afortunado y cordial. Hay una cosa que se llama química entre las personas, y la verdad hubo química desde el primer momento en que nos sentamos en la sala de una casa, aquí en Bogotá, que nos prestaron para conversar una tarde. Es increíble que en visiones tan opuestas del país y una historia tan difícil que habíamos vivido ambos, sentíamos la necesidad de la reconciliación, la necesidad de dar un paso adelante, la necesidad de hacer por Colombia algo que valiera la pena, y eso era la nueva Constitución que hicimos. Fue un hecho extraordinariamente acogedor e importante.
 
Ahora, las Farc han dicho ser las autoras del asesinato de Gómez Hurtado. ¿Quién fue él para este país?
Álvaro Gómez era de la derecha del país, intentó varias veces ser presidente de la República y nunca consiguió el apoyo suficiente. Y a mí me parece muy desafortunado que las Farc lo hayan matado, porque después de la Constituyente del 91 había demostrado su talante de trabajar por el país y hacer las cosas por el bien de la paz y de la unidad nacional. Cuando lo mataron me sentí sobrecogido, que lo hayan hecho es un error garrafal por el cual sí tienen que seguir pidiendo perdón toda la vida.

¿Ustedes dos fueron la demostración de que los colombianos sí podemos unirnos cuando queremos?
Es la demostración de que el consenso es posible cuando queremos buenos resultados para el país.
 
En estas protestas se han escuchado similitudes con Chile, incluso quienes piden una nueva Constitución. ¿Qué piensa?
La Constitución chilena que existía era una Constitución de la dictadura de Augusto Pinochet. Ellos tienen una como la nuestra de 1886, producto de una guerra civil que ganaron los conservadores y la hicieron. Allá tienen que hacer una Constitución para reemplazarla. Nosotros no porque ya cambiamos la conservadora, la de 1886, por una moderna, desarrollada, la de 1991.
 
¿Esa es la gran diferencia?
Tenemos una Constitución consensuada, de avanzada. La situación es distinta, aquí no tenemos que reemplazar una Constitución producto de una dictadura o de una guerra civil ganada por uno de los sectores. Aquí lo que necesitamos no es una nueva Constitución, sino aplicar la Constitución plenamente.
 
¿Por qué?
Hay un concepto que está en la Constitución, que yo digo que es el que hay que aplicar plenamente y se llama Estado social de derecho. La Constitución de 1886 hablaba de Estado de derecho y después de 1991 Colombia es un Estado social de derecho, lo que significa que hay una carga de derechos muy completa que no se ha aplicado y no se ha vuelto realidad plenamente en estos 30 años. Si se volviera realidad, tendríamos una sociedad menos desigual, más equilibrada, con mayores mejores condiciones de vida para tanta gente que está pasando dificultades.
 
Una de las críticas de sectores de izquierda fue que ustedes en 1991 no se atrevieron a tocar a la Policía. ¿Por qué?
La Policía no se reformó en 1991 porque estábamos en medio de una situación de violencia y el conflicto interno gravísimo, con los extraditables, con el cartel de Medellín, con candidatos presidenciales muertos, bombas por todas partes. No lo consideramos oportuno en ese momento. Hoy sí puede ser necesaria una reforma de la Policía Nacional; por ejemplo, pasar la Policía al Ministerio del Interior.
 
Hoy, cuando vemos este choque entre colombianos tan fuerte, ¿cuál es la fórmula, qué plan propone para reconciliarnos, para empezar a construir un camino juntos?
Es necesario el diálogo y la negociación, esto no se puede resolver por las malas. Definitivamente no hay manera de que por las malas alguien pueda resolver la situación que estamos viviendo. Este paro, que nosotros los de la Alianza Verde lo apoyamos, de todas maneras, tiene que llegar a un punto en el cual es necesario que haya una negociación, que llegue a un conjunto de soluciones que interpreten los cambios que la sociedad necesita.
 
Con su experiencia, ¿cómo ve la situación de lo que está ocurriendo en la calle y cómo salir de eso?
La calle manda. La calle manda en estos momentos en la vida nacional, eso tenemos que aceptarlo como una realidad objetiva. El Comité Nacional del Paro, de todas maneras, no puede hacer nada que no contemple la gente que está en la calle, en la deliberación.
 
Pero ¿hasta cuándo?
En este periodo de la vida nacional, la calle manda. Lo que pasa es que también tiene que mandar con inteligencia, con sensatez, con salidas, tiene que mandar con soluciones porque si se prolonga indefinidamente un paro sin solución, se va a ir perdiendo la posibilidad de hacer los cambios que la sociedad necesita.

 
ARMANDO NEIRA
EDITOR DE POLÍTICA

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