Del mito de la democracia racial al reconocimiento de la discriminación…

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Valentina Duarte Salazar
Verdes Universitarios Sergio Arboleda
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Colombia es una nación llena de matices, contrastes, formas y colores. En ella convive una amplia multiplicidad de diversos grupos sociales dentro de los cuales se encuentra a la población afrodescendiente cuya  categoría étnica-racial representa a nivel continental la segunda más grande en toda América. Con precedentes como el anterior nos es fácil el vanagloriarnos por poseer una de las culturas más diversas y mixtas en todo el continente; una de esas culturas que se encuentra chapada a la antigua y que en pleno siglo XXI sigue abogando por la fábula de ser rica en el baile, el deporte y la música los cuales se encuentran impregnados por ese “je ne sais quoi” del folklor afrocolombiano.
En un país donde hemos querido creer que solo se convive en amor y armonía nos hemos encargado de reproducir un mito utópico que nos nubla de la realidad y nos hace ciegos ante el evidente problema que se posa en nuestras narices.

Es ese mito de la igualdad racial del que nos jactamos el cual nos ha  impedido el tener discusiones importantes con respecto a cuestiones como los índices que clasifican a las personas afrocolombianas como la más probables, en un 84%, de ser víctimas del desplazamiento forzado. Son también esos sesgos los que no nos han permitido visualizar que poseemos uno de los rankings más altos de mortalidad infantil de niñas y niños afro en comparación con otras etnias a lo largo del país. Y, son esas falacias también las que no han permitido divisar un foco de atención para analizar cuestiones graves como que solo la mitad de las personas afrocolombianas se encuentran afiliadas al sistema de salud.

Lejos de ser una utopía armoniosa, nuestra Colombia se niega incesantemente a reconocer la existencia de un problema sistemático que lleva bastante tiempo perpetuado en el imaginario social del país. Nos hemos encargado como nación a celebrar una imagen de paz y equidad por encima de las vidas de quienes viven en la marginalidad y quienes se encuentran soslayados ante un mito llamado multiculturalismo igualitario. Ese mito, que niega per se las diferencias y es cómplice de la falta de información, denota los síntomas de un sistema que, según el Observatorio de Discriminación Racial, niega de facto la existencia del racismo en Colombia e invisibiliza la realidad de la población afrocolombiana ante el Estado y la sociedad.

Es de esta forma que se vuelve difícil percibir los impactos reales del racismo en nuestra región, empero estos pueden ser fácilmente vistos a través de las vivencias de la población afro a la cual no es inusual el lidiar con ambientes como los que se vive siendo una persona desplazada por la violencia. Desde Tumaco, Jiguamiandó, Curvaradó, Guapi, Cauca y hasta de los barrios populares de Buenaventura, múltiples personas huyen de la violencia hacia las metrópolis como Cali, Bogotá y Cartagena donde sufren la discriminación debido a su color de piel. En discotecas de Bogotá o Cartagena, antes de la pandemia, se continuaba dejando por fuera arbitrariamente a clientes afro ante la mirada pasiva de las autoridades nacionales mientras que, en ciudades como Cali, se continúan las prácticas de odio vigentes en el ámbito laboral al aplicar condiciones como “la política NN” (no negros) al momento de contratar.

Conductas como estás y muchas más que pertenecen a un ambiente que se articula bajo un camuflado discurso de odio nos hacen preguntarnos, ¿la violencia de un pasado de esclavitud sigue permeando fuertes narrativas de discriminación en contra de las personas afro?, puede que sí, pero las prácticas de exclusión ya no se versan bajo una premisa notoria de opresión, sino que estás con el tiempo se han transformado dejando a la comunidad un panorama colmado de pobreza, desigualdad, desempleo y despojo de tierras.

Es de este modo como el mito del multiculturalismo igualitario sería curioso si no fuera trágico. La lucha en contra del racismo en Colombia requiere un arduo trabajo el cual parte desde una deconstrucción sobre lo que pensábamos y entendíamos que nos hacía “nacionales” en este país a una construcción sobre el sentido que verdaderamente le damos a conceptos como la igualdad, la inclusión y el privilegio, del cual gozan solo unos pocos. Pero, ¿Cómo podemos empezar a combatir un problema que en ocasiones nos resulta imperceptible?, bueno el primer paso para resolver un problema siempre se situará en la labor de reconocer qué este existe y que es nuestra labor como colombianas y colombianos el trabajar en conjunto para que esta nación sea cada día  un más lugar apto para el desarrollo de la igualdad y la equidad para todos sin excepción.

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