¿Sentirnos a salvo?

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María Alejandra Orozco Jiménez
Jóvenes Verdes – Verdes Universitarios
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Una crisis de valores es lo que enfrentan nuestras Instituciones en general, particularmente la que se ve reflejada en la Policía Nacional.

Cada vez que intento desconectarme de la realidad desconcertante de mi país, me siento egoísta al olvidarme por unos minutos, horas e incluso días, del hecho de encontrarme en el pequeño -pero incidente si se lo propusiera- grupo de población privilegiada en evadir emociones.

Este grupo se ve reducido aún más entre aquellos que sentimos como propios el sufrimiento de los demás y aquellos que siguen convencidos en que cada uno forja su propio destino. Y no crean que no estoy de acuerdo con ese argumento, pero considero pierde su validez en un país como Colombia tan marcado por la violencia, inequidad y desigualdad; factores determinantes en el impedimento de acceso a oportunidades.

La última vez que intenté no revisar las publicaciones de la actualidad nacional e internacional de los medios de opinión pública a los que sigo (que por cierto procuro que sean de distintas perspectivas y lo más independientes posibles) fueron días antes de mi cumpleaños, el viernes 11 de septiembre. Ya se podrán imaginar mi reacción cuando revise las noticias en la noche anterior, claramente no repetiré lo publicado y analizado ya en muchas columnas de opinión acerca de las vidas arrebatadas en los fuertes enfrentamientos de esas dos noches, que estoy segura marcarán nuestra memoria histórica, puesto que les hice el duelo a cada una de las muertes injustas que ocurren en nuestro país, ¿ya ven por qué creo necesitar esa recarga emocional?

Sé que a muchos y muchas nos pasa igual, pero también sé que ha sido la excusa perfecta para justificar la falta en nuestro accionar, subestimando el poder que tenemos de incidir en espacios de formación ciudadana tanto para contribuir con nuestras ideas como para aprender de aquellos que nos llevan algún tiempo de experiencia concretándolas, desarrollándolas e implementándolas.

Con esto busco dos cosas: primero, hacer un llamado de atención a nuestro miedo de participar en estos escenarios como también a quienes cuyo desinterés los mantiene en una realidad paralela donde prima el egoísmo en búsqueda del beneficio propio y delegan la responsabilidad de mantener el orden al Estado y Gobierno de turno; y, segundo, extenderles la invitación a un proyecto muy poderoso en el que hemos estado trabajando y se lanza en noviembre, con el cual nos propusimos ser ese puente de diálogo entre los ciudadanos y los/las expertos/as en temáticas tanto coyunturales como trascendentales para el entendimiento del por qué las cosas funcionan de cierta manera y, así, después obtener las herramientas necesarias para elaborar entre todos y todas propuestas estructuradas encaminadas a mejorar todo lo que dábamos por sentado.

El proyecto fue nombrado “Talleres Ciudadanos” y va por temporadas, esta primera abarca el tema de seguridad y por ello empecé narrándoles como solemos evitar este tipo de debates por el simple hecho de no querer estar informados o no querer enfrentar la impotencia que da el conocer los hechos ocurridos por el abuso de poder institucional a través de un cuerpo armado de naturaleza civil como lo es la Policía Nacional, cuyo principal objetivo se supone es garantizar la protección de los/las civiles; enfatizo en el supuesto, porque ha quedado en evidencia que nos hemos convertido en una molestia al momento de exigir el cumplimiento de nuestros derechos, ¿cómo es eso posible?

Si bien es cierta la necesidad de un cuerpo armado para apoyar las manifestaciones y controlar los disturbios, no hay validación alguna para el uso de la violencia en tal magnitud como se ha mostrado desde la toma de las calles el 21 de noviembre de 2019, más allá de los argumentos de “manzanas podridas” y el de “¿quién dio la orden?” esto es un tema crítico de valores humanos. Así como existen los filtros de cualidades físicas debe existir, también, toda una serie de filtros que valoren la calidad de ser humano que ingresa a una institución donde debe velar por el cuidado de la vida de otros seres humanos.

Además, con la ausencia de empatía y el sentido de discernir lo bueno de lo malo es muy complicado ser garante de estos derechos. Como ven, este argumento entra dentro del enfoque de la necesidad de un cambio estructural, porque se debe aclarar en primera instancia si la policía debe cumplir las órdenes de los/las alcaldes o los mandatos nacionales, no pueden ser ambos como ocurre actualmente porque propicia conflictos prevenibles; segundo, disminuir la concentración de poder (funciones) que tienen (vigilancia, investigación judicial, inteligencia, antinarcóticos, etc), puesto que les hacen considerarse acreedores de la última palabra, inclusive en cuestiones de vida o muerte y, por último, reevaluar los filtros de entrevistas y exámenes psicológicos, recordando la ley universal que para poder cuidar de otros es necesario cuidar de nosotros/as mismos/as, y en este caso, como hablamos de una institución, si son más los que están mal en su accionar podemos seguir aspirando a tener que enfrentar más duelos por procedimientos injustos, de lo contrario, si se actuara bajo un sentido ético, es decir, si se cumpliera lo escrito en el artículo 7 de la Ley 62 de 1993, nos sentiríamos a salvo en las calles de nuestra ciudad y estoy segura ese sentimiento hace mucho dejo de existir entre la mayoría de los/las colombianos/as.

En definitiva, es momento de considerar un cambio estructural para la policía nacional.

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