La legitimidad de la Policía Nacional

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Jean Paul Artunduaga
Jóvenes Verdes: Ciudad Bolívar
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Luego de los hechos sucedidos entre el 9 y el 11 de septiembre, del dolor que nos genera la muerte de tantos ciudadanos, de llorar unidos los actos de abuso de la autoridad por parte de la policía, de ver como torturaban a un ciudadano en un video y del rechazo de los actos vandálicos, podemos ver que la Policía Nacional está perdiendo su legitimidad.

En un claro abuso de autoridad por parte de algunos policías, se acabó con la vida de Javier Ordoñez, un ciudadano que más de una vez pidió clemencia y que vio apagados sus sueños por el actuar de uniformados que sencillamente no valoran la vida.

En un claro abuso de autoridad por parte de algunos policías, se acabó con la vida de Javier Ordoñez, un ciudadano que más de una vez pidió clemencia y que vio apagados sus sueños por el actuar de uniformados que sencillamente no valoran la vida. De este acto tan aberrante se desencadenó una indignación Nacional y un dolor de patria, no solo por ver lo que le hicieron a Javier, sino por la ola de violencia que estalló en el país y en especial en la ciudad de Bogotá, violencia que nos dejó a otras 11 familias sin parte de ellas y con dolor.

Desafortunadamente, pudimos ver a policías atacar a ciudadanos con sus armas de dotación que son entregadas confiando en su preparación y responsabilidad, esas mismas características que muchos abandonaron vulnerando derechos humanos y generando tanto dolor. Pero también, vimos cómo algunos ciudadanos agredieron a uniformados provocando heridos y daños materiales, que de ninguna manera pueden ser justificados, a pesar de la rabia y cansancio de la sociedad respecto a estos sucesos de abuso de autoridad.

Al día de hoy, la ciudadanía -aún indignada- espera de manera atenta un pronunciamiento contundente del presidente Iván Duque, que por lo menos, este dirigido a pedir perdón y garantizar la justicia que los heridos y las familias de los fallecidos merecen. Hasta el momento solo ha delegado a funcionarios y ha puesto al Ministro de la Defensa, que aunque también es responsable del actuar de la fuerza pública, no es el comandante en jefe. Y, aunque condena el actuar de los uniformados, se exacerba cuando habla de los desmanes provocados por la indignación, que de igual manera son condenables.

Voces desde el gobierno rechazan contundentemente una posible reforma a la Policía Nacional motivada por lo sucedido, pretenden seguir hablando de casos aislados o “Manzanas podridas”, desconociendo completamente que desde hace muchos años se están evidenciando casos de abuso de autoridad aún más recurrentes, que son tratados desde una perspectiva bastante indolente y casi siempre quedando en impunidad o nula acción.
Como ciudadanos debemos insistir en una reforma a la policía, no motivada desde el odio o el repudio a la misma, sino dirigida por el sentir real del pueblo que busca de manera contundente, la recuperación de la legitimidad de aquella institución que debe proteger a las personas. La ciudadanía está cansada de ver como algunos por tener un uniforme, se sienten completamente por encima de la ley y actúan a voluntad propia desconociendo hasta sus mismos protocolos, siendo de igual manera conscientes de su mal actuar e irresponsable uso de la fuerza.

Es evidente que el descontento civil no es solo producto de lo sucedido a Javier, es el resultado de años de silencio e inacción de los Gobiernos respecto de las situaciones provocadas por algunos uniformados, y que sencillamente fueron olvidadas o poco evidenciadas. Si bien es cierto que la forma de manifestar el descontento no ha sido la mejor, llega el punto en que a las personas son llevadas a su límite, ese que desafortunadamente se evidenció en algunos casos como actos vandálicos, pero de la misma manera tampoco es posible justificar más uso indiscriminado de la fuerza o aun peor, de las armas. Lo sucedido en Bogotá el día 10 de septiembre cuando la policía desobedeció las ordenes de la Alcaldesa poniendo en tela de juicio su autoridad, fue completamente indignante y preocupante, pues la alcaldesa no es solo la primera autoridad de policía, sino también la voluntad del pueblo manifestada.

Es por esto, que es necesario que, como colombianos todos unidos, busquemos una reforma a la Policía Nacional, desde la perspectiva ciudadana alejada de odios y rabias. Dicha reforma es necesaria para que los policías tengan un mejor proceso de reclutamiento, preparación, entrenamiento y educación, que empiecen a actuar como esa fuerza de carácter CIVIL que contempla la ley, que sean instruidos en Derechos Humanos y que se acabe con la corrupción que tanto daño le ha hecho a la misma institución, provocando mafias o comunidades que solo dañan al mismo policía.

Unámonos entorno al llamado de la Alcaldesa de Bogotá y otras personas, busquemos no solo reformar de lo que está mal en la institución, sino también, las condiciones de aquellos que con sus actos deben volverse a ganar la confianza de la ciudadanía, los policías deben entender que esto no es una declaración de guerra, es un llamado de atención para que su legitimidad no se pierda y puedan actuar dentro del marco legal de la mano de los ciudadanos, buscando la construcción de una confianza estable y necesaria para su correcto actuar.

¡Manifestémonos en paz y con respeto de la vida de todos los colombianos!
#VerdadJusticiaYReformaYa

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